martes, 15 de diciembre de 2009

Lázaro Zamenhof - Esperanto; ¿Y por qué no?

Hoy es el aniversario del nacimiento de "Lázaro" (El'azar) Zamenhof en Bialystok, por aquel entonces Rusia, hoy en día Polonia. Parece mejor celebrar los aniversarios de nacimiento que los de defunción, ¿no?



Este señor tuvo la feliz idea de inventar un idioma SENCILLO gramatical y fonéticamente, de forma que pudiera servir como segunda lengua a todo el mundo, facilitando el ENTENDIMIENTO entre los pueblos y evitando así los enfrentamientos que, según él (¿sólo según él?) surgían una y otra vez por problemas de comunicación. Sí, el fin era entenderse, basicamente para lo que sirven los idiomas, aunque se nos olvide a menudo. Lo del idioma como arma arrojadiza es un concepto del s. XIX que no deja de ser una absoluta gilipollez y una imprudencia en la máxima extensión de ambas palabras. Pero bueno.

Este idioma tendría (y tiene) sus carencias como es lógico (y como tiene el inglés, que nadie lo niegue; a mayor sencillez, mayores carencias), pero la idea era mantener la lengua natal, donde los fines más elaborados podían seguir expresándose (mientras el esperanto podía intentar cubrir sus carencias). En fin, que no voy a descubrir nada a nadie, seguid a la Wikipedia si os interesa (como es mi caso), que explica algo más:

http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A1zaro_Zamenhof

PD: ¿dos años para hablar a nivel avanzado? ¡Que le den al alemán, me cambio, sofort!

2 comentarios:

asane dijo...

Eso mismo sobre los dos años pensé cuando lo vi por primera vez. Si en dos años puedes hablar a ese nivel, cuesta pensar por qué no ha triunfado ese idioma. Supongo que no tendría ninguna aspiración regionalista que soportara la creación de ese idioma...

Sonia dijo...

Sí, está claro que los problemas de comunicación son el origen de muchos conflictos, pero éstos se producen incluso entre individuos que manejan un mismo idioma y, a veces, entre un sólo individuo manteniendo un diálogo interno completamente irreal.
Algunos por mentir se engañan a sí mismos, ya sabes.
En fin, que la intención era buena pero un poquito ingenua tal vez.
¡Brakumita, Íñiguez!