"La democracia participativa presupone la capacidad de la gente normal para unir sus limitados recursos, para formar y desarrollar ideas y programas, incluirlos en la agenda política y actuar en su apoyo. En ausencia de recursos y estructuras organizativas que hagan posible esta actividad, la democracia se limita a la opción de escoger entre varios candidatos que representan los intereses de uno u otro grupo que tiene una base de poder independiente, localizada por lo general en la economía privada"
Noam Chomsky
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
Hacia la reinterpretación del miedo
El efecto paralizante del miedo es a su vez el origen último de su causa. En un pasillo a oscuras, en el filo de una puerta, aparece el miedo para detener nuestro paso, evitarlo, o al menos retrasarlo hasta el momento en que la razón nos convence de la inexistencia del peligro, o de la conveniencia de aceptarlo en base a un estudio razonado de la situación. Generalmente, al otro lado sólo se encuentra la alcoba propia y un interruptor generador de reconfortante luz.
El miedo como una herramienta natural, generatriz de estatismo, pero/y también de reflexión previa al siguiente paso. Este hecho sencillo es la base de la actividad que, no casualmente, se llama terrorismo: acción violenta que implica no poco perjuicio a quien la recibe, pero cuyo fin último no es el daño intrínseco de la acción, sino instalar el miedo, el estupor, el pánico. Paralizar al adversario, evitar su progreso.
No obstante, la definición de terrorismo (1. Dominación por el terror, D.R.A.E.) puede entenderse como la acción que persigue evitar, ralentizar y/o entorpecer una acción mediante el uso, no (sólo, únicamente) de la violencia, sino de la generación de terror, independientemente del medio/herramienta utilizado para ello (considerando que las acepciones 2 y 3 del diccionario son, claro está, otras).
En este sentido interpreto la generación de miedo a la que estamos sometidos continuamente: dominación por el terror. Actos violentos cada vez más frecuentes, salidas de tono incomprensibles, la también incomprensible subvención con fondos públicos del revisionismo histórico y la difusión de su mensaje a través de los ayuntamientos (¿un macabro juego dialéctico de antagonía a las leyes de la memoria histórica? ¿la nueva versión oficial?), o el miedo, en fin, que se nos inculca a la hecatombe que acontecería si un banco quebrase, si el FMI se descontenta, si los griegos dijeran NO a lo que se le pide a Grecia, si la mitad más uno de los griegos con ganas de decidir tuvieran al menos la oportunidad remota de decidir si le dicen Sí o No a lo que le piden a Grecia en base a lo que les contasen, explicasen y ocultasen en una ronda de información previa que, sospecho, estaría dirigida desde/hacia el miedo. Terrorismo, o para evitar ignorar las acepciones 2 y 3, "miedismo" (a fin de cuentas "terrorismo de baja intensidad", pero de baja intensidad por escasa resistencia), son los mensajes que apelan a la rendición como medio único de evitar la masacre, a la pérdida de "privilegios" [sic, derechos] como única forma de evitar la debacle descontrolada, a la debacle controlada para evitar señalar a sus causantes.
Y una vez el miedo se ha instalado en la conciencia, la ausencia de movimiento; la resignación, o la muerte en vida (nada hay más estático). Sería conveniente saludar al escenario y al público, y utilizar el alto en el camino para evaluar la situación real, para reflexionar sobre el siguiente paso, y no para dejarse caer en una congelación de estupor frente al viento helado de un aliento inerte. Hacia dónde el paso, qué tras la puerta, lo desconozco: cada cual tiene su puerta, interruptor y cerradura; el "artículo" se llama "hacia...", no "desde...", por desgracia.
martes, 24 de mayo de 2011
24-M
“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”
Jacques Lacan
“Lo más probable es que los defensores de la anarquía o del anarquismo sean partidarios de que no haya policía, pero no de que deba prescindirse de las normas del tráfico.”
Noam Chomsky
Una jornada forzosa de reflexión sin asistir a las asambleas de la plaza del Mercado (¿no es una gran ironía?) facilita valorar lo que está sucediendo allí, para lo bueno y para lo malo. Especialmente para ser consciente de lo positivo, de lo importante del hecho en sí, de lo que está sucediendo, lo que nos está sucediendo y, también, lo que nos estamos y están sucediendo.
Porque vivíamos muy dormidos, muy desesperanzados y con un terrible recetario de certezas: “somos solamente lo que hagan de nosotros, y quienes hacen de nosotros no hacen ni harán por y para nosotros, ni nosotros sabemos hacer ya por nosotros mismos”. Parecía que todos lo teníamos claro, tanto como que dejarse llevar por un río sin la mínima corriente era el único destino. Un destino cierto, pues la falta de corriente no lleva nunca a lugar alguno. Es como la cama de hospital del ser que ya agoniza.
Y todavía no hemos ido a lugar alguno, ni creo (ni espero) que lleguemos nunca a destino (entonces qué, llegado ese momento), pero, porque no, posiblemente caminemos. Todavía no hay objetivos claros definidos [me atrevería sugerir recuperar las bases de la democracia directa, plasmarlas en 5 puntos claros, y helos ahí, los ansiados objetivos, sin eslogan ni mitológicos nombres que asusten a nuestros desentrenados y recién desperezados oídos; la foto era la que vimos en el marco y era cierta, recuerden….¿por qué forzar el retorno?] pero, espero, la ansiedad de perseguirlos no nos hará tropezar de nuevo contra el aislamiento, la separación, la debilidad.
Hoy me acuesto con la sensación de que unas 2.000 personas en Logroño (es poco, pero un mundo, y un mundo escaso ya es bastante) han decidido organizarse de forma asamblearia y absolutamente horizontal [“deslices” aparte, aunque convenientemente remarcables], y se entregan en mente y acto a compartir su duda, a enajenar las certezas y buscar, por cualquier medio, la forma de sacudírselas de encima para siempre. O por un tiempo, al menos.
No sé si este fenómeno tendrá algo que ver con el paso del postmodernismo al transmodernismo (si el postmodernismo y su todo vale, su banal vivir el día a día mientras haya dinero en la tarjeta Visa, se estará acabando de repente), ni qué depararía un impredecible paso adelante. Sólo 2.000 entre 150.000, una miseria, algo mínimo, una auténtica tontería, pero algo irrenunciable y que parece nuestro. Disfrutemos mientras dure, y que deje poso.
lunes, 24 de mayo de 2010
Lo políticamente correcto y "En defensa de la intolerancia" de Slavoj Zizek
Ultimamente me viene interesando bastante la corriente de "preocupación" ante el dominio absoluto de la corrección política; quizá sólo como concepto. Me aterra pensar que quizá no soy capaz de discernir una ética real de una ética que, simplemente, sea políticamente correcta. El ejercicio de la crítica constante desde todos los ángulos posibles (da igual que no los comparta) como elemento infalible, quizá no sea suficiente si mis principios "morales" se basan en la mímesis con una sociedad fatalmente conquistada por una corrección extrínseca al ser humano. Qué sé yo.
Dentro de la incorrección política parece que está de moda el filósofo esloveno Slavoj Zizek. Supe de él como contrapartida del neodios del irracionalismo, Gilles Deleuze. Yo es que de fútbol quizá, pero de folosofía ni idea.
La lectura por encima (única de la que soy capaz) de fragmentos de Zizek, me parece bastante retadora, provocadora: "¿X? ¿no es igual que Y? fíjate en Z, te jodes y le das vueltas".

Introducción a "En defensa de la intolerancia"
La prensa liberal nos bombardea a diario con la idea de que
el mayor peligro de nuestra época es el fundamentalismo intolerante
(étnico, religioso, sexista...), y que el único modo de
resistir y poder derrotarlo consistiría en asumir una posición
multicultural.
Pero, ¿es realmente así? ¿Y si la forma habitual en que se
manifiesta la tolerancia multicultural no fuese, en última instancia,
tan inocente como se nos quiere hacer creer, por cuanto,
tácitamente, acepta la despolitización de la economía?
Esta forma hegemónica del multiculturalismo se basa en la
tesis de que vivimos en un universo post-ideológico, en el que
habríamos superado esos viejos conflictos entre izquierda y
derecha, que tantos problemas causaron, y en el que las batallas
más importantes serían aquellas que se libran por conseguir
el reconocimiento de los diversos estilos de vida. Pero, ¿y
si este multiculturalismo despolitizado fuese precisamente la
ideología del actual capitalismo global?
Capítulo 8 - La tolerancia represiva del multiculturalismo
En nuestra era de capitalismo global, ¿cuál es, entonces, la
relación entre el universo del Capital y la forma EstadoNación?
"Auto-colonización", quizás sea la mejor manera de
calificarla: con la propagación directamente multinacional del
Capital, ha quedado superada la tradicional oposición entre
metrópoli y colonia; la empresa global, por así decir, cortó el
cordón umbilical con su madre-patria y trata ahora a su país
de origen igual que cualquier otro territorio por colonizar.
Esto es lo que tanto molesta a los patrióticos populistas de
derechas, desde Le Pen a Buchanan: las nuevas multinacionales
no hacen distingos entre las poblaciones de origen, de
Francia o EE.UU., y las de México, Brasil o Taiwan. Tras la
etapa del capitalismo nacional, con su proyección internacionalista/
colonialista, el cambio auto-referencial del actual capitalismo
global, ¿no puede interpretarse como una suerte de
justicia poética, una especie de "negación de la negación"? En
un principio (un principio ideal, claro está), el capitalismo se
quedaba en los confines del Estado-Nación, y hacía algo de
comercio internacional (intercambios entre Estados-Nación
soberanos); vino después la fase de la colonización, en la que
el país colonizador sometía y explotaba (económica, política y
culturalmente) al país colonizado; la culminación de este proceso
es la actual paradoja de la colonización: sólo quedan
colonias y desaparecieron los países colonizadores; el EstadoNación
ya no encarna el poder colonial, lo hace la empresa
global. Con el tiempo, acabaremos todos no ya sólo vistiendo
camisetas de la marca Banana Republic, sino viviendo en
repúblicas bananeras.
La forma ideológica ideal de este capitalismo global es el
multiculturalismo: esa actitud que, desde una hueca posición
global, trata todas y cada una de las culturas locales de la
manera en que el colonizador suele tratar a sus colonizados:
"autóctonos" cuyas costumbres hay que conocer y "respetar".
La relación entre el viejo colonialismo imperialista y la actual
auto-colonización del capitalismo global es exactamente la
misma que la que existe entre el imperialismo cultural occidental
y el multiculturalismo. Al igual que el capitalismo global
supone la paradoja de la colonización sin Estado-Nación
colonizador, el multiculturalismo promueve la eurocéntrica
distancia y/o respeto hacia las culturas locales no-europeas.
Esto es, el multiculturalismo es una forma inconfesada, invertida,
auto-referencial de racismo, un "racismo que mantiene
las distancias": "respeta" la identidad del Otro, lo concibe
como una comunidad "auténtica" y cerrada en sí misma respecto
de la cuál él, el multiculturalista, mantiene una distancia
asentada sobre el privilegio de su posición universal. El multiculturalismo
es un racismo que ha vaciado su propia posición
de todo contenido positivo (el multicuIturalista no es
directamente racista, por cuanto no contrapone al Otro los
valores particulares de su cultura), pero, no obstante, mantiene
su posición en cuanto privilegiado punto hueco de universalidad
desde el que se puede apreciar (o despreciar) las otras
culturas. El respeto multicultural por la especificidad del Otro
no es sino la afirmación de la propia superioridad.
...
Se concluye, por tanto, que el problema del imperante multiculturalismo
radica en que proporciona la forma (la coexistencia
híbrida de distintos mundos de vida cultural) que su
contrario (la contundente presencia del capitalismo en cuanto
sistema mundial global) asume para manifestarse: el multiculturalismo
es la demostración de la homogeneización sin
precedentes del mundo actual. Puesto que el horizonte de la
imaginación social ya no permite cultivar la idea de una futura
superación del capitalismo -ya que, por así decir, todos
aceptamos tácitamente que el capitalismo está aquí para quedetse-,
es como si la energía crítica hubiese encontrado una
válvula de escape sustitutoria, un exutorio, en la lucha por las
diferencias culturales, una lucha que deja intacta la homogeneidad
de base del sistema capitalista mundial. El precio que
acarrea esta despolitización de la economía es que la esfera
misma de la política, en cierto modo, se despolitiza: la verdadera
lucha política se transforma en una batalla cultural por el
reconocimiento de las identidades marginales y por la tolerancia
con las diferencias. No sorprende, entonces, que la tolerancia
de los multiculturalistas liberales quede atrapada en un
círculo vicioso que simultáneamente concede DEMASIADO y
DEMASIADO POCO a la especificidad cultural del Otro
lunes, 22 de marzo de 2010
... de Vicente Luis Mora
Estimados prosistas, ruego tengan en cuenta que en nuestra civilización del ruido y la prisa, esa en la que ustedes viven pero también sus lectores, esta época en la que apenas tenemos tiempo para nada y en la que el poco tiempo libre se pasa de acá para allá, consumiendo píldoras fragmentarias de cultura en archivos comprimidos (mp3, mp4, películas mpeg o avi, zip, pps, periódicos, newsletter por correo electrónico, revistas), aglomerados en atascos o en medios de transporte colectivos, la lectura narrativa es el único momento del día o de la semana donde el ciudadano actual decide estar un rato solo, sentado y en silencio. Por tanto, es el único momento real al día, o a la semana, en el que puede pensar.En consecuencia, pongan en sus novelas o libros de cuentos ideas, tramas, personajes, que muevan a sus lectores a la reflexión. Háganles razonar. Denles algo para marear el magín. Ellos dirán en las encuestas que buscan evasión en su tiempo de ocio, pero no es verdad: están evadidos el resto del tiempo. Es ahí, en ese único momento, el de la lectura, donde pueden encontrar materia para reflexionar sobre su vida, sobre las cosas importantes, sobre la cárcel de ruido en la que viven. Agárrenles ahí. Ya no hay otro espacio para el pensamiento en la vida contemporánea.
miércoles, 3 de marzo de 2010
... de Gilles Deleuze
El acto de escribir es una tentativa de convertir la vida en algo que no es sólo personal, de liberar la vida de aquello que la aprisiona. El artista o el filósofo tienen a menudo una salud escasa y frágil, un organismo débil, un equilibrio precario: Spinoza, Nietzsche, Lawrence. Pero lo que les mina no es la muerte sino más bien un cierto exceso de vida que han llegado a ver, a experimentar, a pensar. Una vida demasiado grande para ellos, pero de la cual, gracias a ellos, “se revelan los signos”: el final de Zaratustra, el libro quinto de la Ética. Se escribe en función de un pueblo futuro que aún carece de lenguaje. Crear no es comunicar sino resistir. Hay un profundo vínculo entre los signos, el acontecimiento y la vida, el vitalismo. Es la potencia de una vida no orgánica, la que puede tener lugar en la línea de un dibujo, en una línea de escritura o de música. Los organismos mueren, pero no la vida. No hay obra que no deje a la vida una salida, que no señale un camino entre los adoquines. Todo cuanto he escrito —al menos así lo espero— ha sido vitalista, y constituye una teoría de los signos y del acontecimiento.
martes, 19 de febrero de 2008
Are you bullshit or only kidding?
Salir de casa a las 7:30 hacia el trabajo y volver de allí a las 20h, sin haber parado de tener reuniones tan estériles como multinacionales, en las que uno constata que de todos los tópicos que los españoles nos autimponemos, y de los que nos imponen, la gran mayoría son merecidos pero casi mejores que las patologías del resto de nuestros colegas con capital en Bruselas, cansa y genera expectativas de que, lejos de allí, los minutos que quedan de día tengan por único idioma extranjero, y como mucho admitir, al bable. Este podría llegar a ser un extremista, a la par que gráfico, resumen del sentimiento a un nivel celular mitocondrial:
Me explico, los tópicos repetidamente sufridos vienen a ser:
Los alemanes sumidos en su deutscheuniverse sólo apto para otros alemanes (a veces, no siempre, para algún que otro holandés o flamenco), los holandeses y su insoportable "polited way" en la que todo es buen rollo y sonrisa mientras insistentemente te sodomizan como si no te dieras cuenta, los suecos que son los mejores haciéndose los ídem (empírico), los belgas (lo cual no incluye a los valones) y su "let me alone, I am bigger than danger". Entre todos, sinceramente, consiguen que eche de menos Portugal, ese pequeño y extraño lugar donde las fechas saltan en el calendario y todo es posible pero "ainda nao fiqué tudo bem...". Y contra todo pronóstico, los ingleses, que son unos extraños seres que, laboralmente vaya usted a saber, pero que por lo menos te echas unas risas con ellos casi seguro...
Al final, fucking shit, la triste consecuencia es que ni escribo aquí, ni en sitios más interesantes, ni estoy por ahí borracho o delinquiendo por las calles que se está mucho mejor (filosofía FYC), simplemente porque
jueves, 14 de febrero de 2008
El ángel de la guarda
Los días son como las páginas de un libro: escritas por otro, te dedicas a leerlas a veces con intriga e interés, otras con un indescriptible sopor; sea como fuere, el único sentido de la página actual es pasar a la siguiente, con avidez en ambos casos (por seguir disfrutando en el primero, por ver si hay esperanza de cambio en el segundo) hasta que el libro se acaba.
Cuando esas hojas te atrapan y te abofetean el rostro con unas letras que la velocidad y la escasez de distancia hasta tus ojos no te permten leer, más vale que venga alguien a salvarte, sin importar que sea el ángel de la guarda, el Hombre Opaco o el mismísimo Capitán Badajoz.
Cuando esas hojas te atrapan y te abofetean el rostro con unas letras que la velocidad y la escasez de distancia hasta tus ojos no te permten leer, más vale que venga alguien a salvarte, sin importar que sea el ángel de la guarda, el Hombre Opaco o el mismísimo Capitán Badajoz.
jueves, 10 de enero de 2008
Las habitaciones cerradas
En las habitaciones cerradas, abrir la ventana puede ser un acto arriesgado y temerario. El polvo duerme acomodado sobre las repisas y el aire da forma al espacio entre los objetos. Variar ese estado de equilibrio significa, inevitablemente, el caos: los libros, liberados del aire que los encorsetaba, vuelan por la habitación y hablan con el polvo acumulado; no es una sorpresa que los choques e impactos acaben en el suelo en forma de cenizas y fragmentos que no hacen sino atestiguar, ante los ojos de un ulterior visitante del cuarto, que el viejo orden, de ser posible, ha de ser forzosamente distinto.
En Logroño pareciera que cuando se abre la ventana, otra corriente, u otra mano, cerrase la puerta de forma que nunca se sabe a ciencia cierta a qué residuos puede aspirarse.
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