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En la cima se encuentran la basílica y la antena que personalizan la panorámica de Lyon y que quedan muy bien en las fotos rollo nipón como la que ya puse por aquí de la “place Bellecour”.

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En la cima se encuentran la basílica y la antena que personalizan la panorámica de Lyon y que quedan muy bien en las fotos rollo nipón como la que ya puse por aquí de la “place Bellecour”.

El problema de tanta modernidad es que es muy difícil conseguir un billete si no llevas suelto, ya que sólo hay máquinas que sólo aceptan monedas y un par de estaciones con personas humanas. Esas personas humanas hablan inglés o eso piensan, aunque no entienden el concepto “one ticket for ten trips”, pero sí algo así como “an tiké pur dé vias”. El ecológico concepto de bono para diez viajes consiste en diez billetes, uno tras otro.
Una vez me he resarcido del estúpido momento en que intentaba que me entendieran una simple frase de cinco palabras en inglés (idioma en el que me desenvuelvo a diario) sin éxito y recibiendo cierto tono “fucking spanish bastard”, prosigo. Fui directo al barrio de “Presqu’île”, barrio cuyo nombre es un claro e inequívoco ejemplo de que el lenguaje siempre se dirige hacia la simplicidad: no cuesta apenas nada memorizarlo y escribirlo. La ciudad se divide en tres barrios: al este del río Saona, el “Vieux Lyon”. Entre el Saona y el Ródano, la “Presqu’île” , y más allá del Ródano, el resto, más moderno. El Saona desemboca en el Ródano delimitando el límite sur del barrio impronunciable. Para ir allí salí del metro en la plaza de Bellecour:
Además de la perspectiva a Fourviere (con su basílica y su antena “Eiffeliana”) tiene algo, no sé bien qué, y también un garito de información turística donde conseguir un necesario plano de la ciudad. Si preguntáis por cosas de interés, en esa oficina os dirán que sólo el Viejo Lyon es interesante. Coged el plano y huid, son gabachunos. Pasear por la Presqu’île es una auténtica maravilla. Todas y cada una de las calles están repletas de edificios del XVIII y del XIX, hasta resultar impresionante.
Es verdad, no hay nada en Presqu’île que merezca la pena; el ayuntamiento es vulgar, pero está encuadrado con una fenomenal maestría por mi parte (los andamios son añadidos por photo shop, para perturbar la perfección de la toma antes de hacerla pública).
Esta es la común plaza de los jacobinos: